domingo, 17 de marzo de 2013

Fading away

 Antes de nada, recomiendo escuchar la canción Fade to Black, de los Dire Straits mientras se lee esto. Dicho esto, comienzo.

 Se dejó caer en aquel taburete destartalado de su bar. Hincó los codos en la barra, como un estudiante en el escritorio. Oh, aquellos tiempos de estudiante. Hace mucho que pasaron. Solía venir a este mismo bar. Antes rezumaba vida. Ahora estaba sucio, apagado, muerto; como él. Mentía, el bar no estaba borracho, ni drogado, ni triste.

 Pegó una patada a un aparador, que entendió la señal y se abrió, mostrando un colectivo de botellas a medias, polvorientas. Eligió una que parecía ser verde. Su amigo de siempre. El duende verde. Él le había llevado a la desgracia, pero sinceramente, se lo agradecía. 

 ¿Qué iba a pasar si le hubiese ido bien? Tendría una buena vida, estaría casado, y posiblemente con un hijo o dos. Pero sinceramente, ¿qué importaba eso? El estaba engañando a la  vida, a la muerte, al tiempo, al reloj. Se movía como quería. Había nacido hacía 39 años y había vivido más de lo que mucha gente vive en toda su vida.

 ¿Qué importaban los resultados? Son todos tan efímeros, volubles, se van. Al final solo queda la experiencia, da igual que no consigas nada con ella. ¿Qué importaban los recuerdos? Desaparecerían con él, así que, no pasaba nada porque no conservase ninguno. De hecho, así era, no se acordaba de nada de lo que había pasado en sus 39 años de su existencia.

 Asió una copa y la posó sobre la barra. Desenroscó el tapón de la botella y buscó una cuchara y un azucarero. Los mejores amigos del duende. Hizo lo de siempre, pero faltaba algo. 
Sacó con dificultades (todo hay que decirlo) su Zippo y lo encendió. Contempló la llama. 
Aparto la copa con cuidado, esperando a que terminase de quemarse. Recuperó su posición y se encendió un cigarro que guardaba en el bolsillo. Estaba arrugado y algo roto, como él ahora mismo, pero le daba igual. Se lo puso en la boca, pero no lo encendió. 

¿Qué hora era? Vaya, las 0:16. Ya tenía 40. Al girar la cabeza contempló el brillo de una vieja Luger que había comprado hacía años, por si pasaba algo algún día, nunca la había usado, no sabía si tenía balas, solo la tenía para asustar, por si acaso. El duende seguía ardiendo con sus compañeros.

El tarado que se la vendió le aseguró que funcionaba como si viviesen en 1938. Por hacer la gracia, se la colocó en medio de la frente, y se dispuso a apretar el gatillo. Aquel tarado estaba más borracho que él cuando se la compró, no sabría ni quién fabricó la pistola.

Echó una mirada a su amigo el duende verde y le prometió que no le pasaría nada, que en cuanto oyese un 'clac', volverían a estar juntos. Con el tiempo había acabado queriéndolo. Ay, el duende, no sabe lo mucho que lo adora. Se propuso oír ese último chiste antes de irse a dormir.

Apretó el gatillo. Cayó el cigarrillo en la barra. Cayó él hacia el suelo, y durmió.

Los borrachos nunca mienten, la sangre tampoco.

4 comentarios:

  1. Escribes genial, chico. Si me permites una pequeña crítica, veo un par de errores en el texto, pero vamos, me encanta. Recomendaré el blog si no te importa.

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    1. Lo sé. No acentúo los "que", "quien", "como", "donde" y "cuando" en oraciones que no sean exclamativas o interrogativas, aunque tengan que llevar tilde. Manía mía. Creo que Unamuno no escribía coger con g, sino con J. No me estoy comparando con él, sería ser demasiado prepotente, pero oye, es una excusa.
      De todos modos, a veces se me cuela alguna tilde, o algo así, pero suele ser porque no reviso los textos, o procuro no hacerlo. Es decir, en el prólogo de Un mundo feliz, de Aldous Huxley, dice que que al revisar un texto y cambiarlo se pierde la esencia del mismo, porque siempre está el "joder, esto queda mejor así". Y cuando escribo textos relajadamente, bien, los reviso. Cuando los escribo "inspirado", es decir, con unas cuantas canciones de fondo, sumergido en lo que estoy escribiendo.
      Si hay faltas ortográficas, procuro corregirlas, siempre y cuando me digan donde están, de hecho, en el de las avispas lo tuve que hacer, puse un "él" sin tilde. Pero vamos, que procuro ser lo más correcto posible.
      Ya si es a nivel de maquetación, imagino que habrá varios. Respecto a la puntuación, imagino que es discutible, de hecho, ya me la han discutido, pero no sé, la musicalidad la veo así, de hecho, es lo único que reviso. Tengo una forma rara de puntuar quizás, pero igual que sea tan desacompasada es uno de mis rasgos.
      En cualquier caso, muchas gracias por el comentario, querido anónimo, y recomienda, recomienda.

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  2. Déjate de excusas, puedes revisar solo las faltas sin cambiar nada más del texto. Es cuestiòn de fuerza de voluntad.
    Por lo demás, salvo esas pocas faltas de acentuación, está bastante bien.
    Me gustó.

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    1. Por poder podría, pero soy vago de huevos. A excepción de las que dije que cometía sí o sí, ¿cuáles me he dejado?

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