martes, 5 de marzo de 2013

Sublimación.


Es frustrante el comienzo de algo. Me refiero a los verdaderos comienzos; a iniciar algo desde nada –como cuando comenzamos a vivir–. Llenar el blanco.
A estas alturas, no se saben si lejanas o cercanas, de la humanidad, hemos impreso, probablemente, todo lo que era posible imprimirse –menos la verdad, o apenas la verdad–. Así que lo que nos queda es la composición. Imprimir lo mismo, pero componerlo de otro modo; ese es el verdadero reto. Un método de superación, quizá. Es necesario, a veces, repetir ciertas ideas –y muchas de ellas se repiten ahora mismo, al igual que se han ido repitiendo a lo largo de la historia–. Surgen nuevas generaciones, y, aunque tengamos ciertas cosas muy asumidas, dichos neonatos aún no han captado lo mismo que nosotros. Y, aún así, es necesario que sublimemos nuestra percepción del mundo a través de esa mejora en la composición; a pesar de repetir la misma teoría, porque (casi) siempre se puede mejorar. Acuñar un detalle más.
Por otro lado, no sé lo que he venido a hacer aquí. He venido, en compañía. Quiénes seamos aquí, difiere de quiénes seamos fuera de aquí (eso seguro). Compondremos mejor, peor o igual cada vez. Nos captaran nuevos, viejos o expertos. Quién sabe; qué importa. Estamos aquí. Y hemos venido a sublimar el vacío.

No hay comentarios:

Publicar un comentario